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Por MegAnne Liebsch

8 de octubre de 2019 —Ante el Día mundial contra la pena de muerte que se celebra el 10 de octubre, grupos católicos y seculares de todos los Estados Unidos se están movilizando para evitar las ejecuciones  nivel estatal y federal. La promoción a nivel federal es particularmente urgente, ya que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos anunció recientemente que reanudaría  la pena capital después de una interrupción de 16 años, programando cinco ejecuciones. Con la primera ejecución programada para diciembre de 2019, los activistas están haciendo un llamado para poner fin a la pena de muerte permanentemente. Varios miembros del Congreso han presentado un proyecto de ley para revocar la pena de muerte a nivel federal.

En los Estados Unidos, donde la pena de muerte está vigente a nivel federal, en las fuerzas militares y en 25 estados, las ejecuciones siguen siendo frecuentes. Veinticinco personas fueron ejecutadas en 2018, lo que hace que Estados Unidos sea la séptima nación con el mayor índice de ejecuciones de prisioneros.

Para la Iglesia Católica, ponerle fin a la pena capital es una prioridad urgente, de acuerdo al Papa Francisco. El verano pasado, el Papa hizo unas declaraciones condenando la pena de muerte en todos los casos, señalando que las enseñanzas de la iglesia en esta área han “madurado”.

“Para los creyentes y los no creyentes, cada vida es una buena vida y su dignidad se debe proteger sin excepciones”, dijo el Papa al Congreso Mundial contra la Pena de Muerte. “La pena de muerte es una violación grave del derecho a la vida de cada persona.  … Exhorto a los gobernantes y a todos aquéllos con responsabilidades en sus países a tomar las medidas necesarias hacia la abolición total de la pena de muerte”.

Los miembros de la familia ignaciana de Estados Unidos han sido particularmente directos al hablar de la necesidad de abolir esta práctica.

“La pena de muerte es una afrenta a la dignidad humana y la santidad de la vida”, dijo el Padre Timothy Kesicki, SJ, presidente de la Conferencia Jesuita de Canadá y los Estados Unidos. “Como ha dicho el Papa Francisco, la pena capital no tiene cabida en el mundo moderno y es contraria a las enseñanzas católicas. Es vital que los miembros de la familia ignaciana continúen viendo el rostro de Jesús en aquéllos que están encarcelados, y que trabajen y recen por la abolición de la pena de muerte en Estados Unidos y en todo el mundo”.

En California, donde se encuentra el mayor pabellón de condenados a muerte del país, el Padre George Williams, SJ, trabaja con los condenados a muerte en la prisión estatal de San Quintín — hombres de quienes dice que la sociedad los ha apartado a los márgenes más lejanos. Como capellán de la prisión, el Padre Williams ofrece un “ministerio de reconciliación” a 100 de los casi 700 hombres en el pabellón de los condenados a muerte de San Quintín.

“Aunque personalmente no puedo evitar que la pena de muerte tenga lugar, sí puedo ser un ministro de reconciliación para los hombres con los que trabajo, para que se reconcilien con Dios, con las familias de sus víctimas”, dijo el Padre Williams. “Siguen siendo seres humanos. Creo que esa es la cuestión principal. Estamos tratando con hombres que son seres humanos igual que nosotros, que han sido creados a imagen y semejanza de Dios”.

La entrada al corredor de la muerte de la prisión de San Quintín, donde el Padre Williams ejerce como capellán católico.

La gran población carcelaria de California igualmente inspiró a Linda Starr, abogada y profesora en la Universidad de Santa Clara, a luchar por la reforma de la justicia penal inaugurando el Proyecto Inocencia del Norte de California (Northern California Innocence Project, NCIP). El proyecto comenzó en 2001 después de que California empezó a permitir las pruebas de ADN posterior a la condena, y se ocupa de casos de condena injusta usando evidencia de ADN para exonerar a las personas inocentes. Hasta la fecha, el NCIP ha liberado 26 clientes.

“Es tan humano, es tan fundamentalmente humano estar con personas que están experimentado dificultades como nunca antes debido a su situación y sin embargo encontrar fuerza y gracia”, dijo Starr, directora ejecutiva y cofundador del NCIP. “Saber que alguien está encarcelado por un tiempo extraordinariamente largo y sufriendo horribles consecuencias por algo que sí hizo es horrible, pero piensen en lo que siente si es por algo que no hizo. Seguimos la lucha por lograr justicia en su nombre, y es maravilloso ser parte de eso, lograr ese tipo de justicia”.

Según Starr, la labor del NCIP está directamente relacionada con la promoción  contra la pena de muerte. A medida que los éxitos en el tribunal han aumentado, los miembros del personal han centrado su atención progresivamente en la labor política, propugnando una legislación que aborde las causas raíz de las convicciones injustas. Recientemente, su lucha para cambiar el estándar para la forma en que la evidencia recién descubierta se aplica en los casos penales ayudó a anular la sentencia condenatoria de un presidiario en el corredor de la muerte en California. A nivel nacional, desde 1973, 166 personas han sido liberadas del corredor de la muerte gracias a la nueva evidencia presentada de su inocencia, de acuerdo al Centro de Información sobre la Pena de Muerte.

“Creo que el movimiento de abolición de la pena de muerte puede señalar los casos de inocencia como una de las razones por las que no deberíamos tener la pena de muerte”, explicó Starr. “Para aquéllos que no aceptan el argumento moral, mostrar que nuestro sistema comete errores da que pensar a muchas personas”.

En la comunidad católica en general, las Red Movilizadora Católica (CMN) de base utiliza las voces de los miles de estadounidenses que se oponen a la pena de muerte para lograr la abolición a nivel estatal. A través de campañas escribiendo cartas, difusión educativa y creación de coaliciones, la CMN  ha ayudado con éxito a abolir la pena de muerte en siete estados.  No obstante, cuando el Departamento de Justicia anunció las cinco ejecuciones federales en junio, la labor de la CMN en contra de la pena de muerte fue catapultada a nivel nacional. Ahora, la CMN está asumiendo la pena de muerte federal a través de la defensa legislativa y la organización de base. Para participar en el activismo de la CMN, únase a su Campaña Carta al Editor o inscríbase en su Proyecto Misericordia en Acción (Mercy in Action), que provee recursos para la promoción de la clemencia para las personas condenadas a muerte.

Este Día Mundial contra la Pena de Muerte, tome acción con la Conferencia Jesuita apoyando la abolición de la pena de muerte federal.

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