Historias

Por MegAnne Liebsch

14 de diciembre de 2020.- En una zona apacible de bosque bañada por el sol, la hermana Carmen Rodríguez, ODN, reúne a sus alumnos alrededor de una caja de madera. Ella levanta con cuidado la tapa laminada y muestra un ecosistema poblado por abejas. Bien protegida por un traje blanco y armada con una lata de humo para evitar que las abejas pululen, la hermana Rodríguez quita un marco de la colmena. Cientos de abejas se aferran al marco, pero en algunos espacios vacíos, los estudiantes pueden ver el trabajo ordenado de la colonia: las filas de panal perfectamente hexagonal.

La hermana Rodríguez y sus estudiantes preservan más de una docena de colmenas aquí. Estas se elevan desde el suelo del bosque, apiladas sobre bloques de hormigón en filas ordenadas. Este sistema de colmenas que es, al mismo tiempo, un salón de clases y una empresa comercial se halla en el patio trasero de una escuela en la zona rural de Haití. A través de la apicultura, los estudiantes aprenden sobre ecología y agricultura, y pueden vender la miel para ayudar a mantener a sus familias.

La hermana Rodríguez y otra maestra quitan los marcos de una colmena para examinar el panal (Cortesía de Fe y Alegría).

“Dejarlos aprender haciendo”, dice la hermana Rodríguez, parafraseando un lema fundamental de Fe y Alegría de Haití (Foi et Joie), que dirige la escuela donde ella trabaja en Bedou, Haití.

Fe y Alegría es una obra jesuita que forma parte del movimiento de educación popular más grande llamado también Fe y Alegría, que brinda educación a miles de niños en América Latina y el Caribe, de África y Europa. En Haití, la organización administra 17 escuelas y atiende a 4,000 niños, principalmente en áreas rurales. Fe y Alegría tiene como objetivo ofrecer más que educación en un país asolado por la inestabilidad política y la pobreza crónica.

“La misión de Fe y Alegría, al final del día, no es la educación”, dice Nate Radomski, Director Ejecutivo de Magis Americas, socio oficial de Fe y Alegría en los Estados Unidos. “No es tener una escuela, es transformar comunidades y transformar la sociedad. Y esto se logra a través de la educación. La educación debe ser contextual y la educación debe brindar oportunidades».

Mejorando la calidad de vida

La apicultura en la escuela San Ignacio de Loyola en Bedou es una de estas iniciativas.

“Es importante porque aquí no hay trabajos ni medios de subsistencia más que la agricultura”, explica la hermana Rodríguez. «Creemos que el desarrollo de las economías locales ayuda a mejorar la calidad de vida de las familias».

En toda la isla, más de la mitad de la población vive con menos de $ 3 al día. En Bedou, hay una dependencia en la agricultura de subsistencia, es decir, una lucha de muchas familias por poner comida en la mesa.

La iniciativa de la apicultura proporcionará a los estudiantes habilidades tangibles para aumentar los ingresos familiares. Después de un año de capacitación con la hermana Rodríguez, los estudiantes y sus padres pueden tener colmenas en sus propias tierras y vender la miel, creando así un “negocio de apicultura socialmente responsable” en el área de Bedou.

“Amo a las abejas y me importa que trabajemos con ellas, respetando y cuidando sus vidas”, sostiene la hermana Rodríguez. Como apasionada apicultora durante casi 40 años, la hermana Rodríguez quiere compartir con las familias de Bedou su amor por las abejas y el medio ambiente. El área es rica en flora y fauna, y eso mantendrá las colmenas saludables, y viceversa. La afluencia de polinizadores ayudará a que crezcan cultivos y bosques más fuertes, lo que a su vez mejorará las dietas locales. Todos pueden beneficiarse de este ciclo, afirma la hermana Rodríguez.

Fe y Alegría tiene como objetivo continuar el programa durante los próximos años, dando a más familias la oportunidad de unirse. “Los niños y sus padres tienen la capacidad de aprender, pero se necesitan recursos para ayudarlos, porque si ni siquiera pueden poner comida en sus propios platos, mucho menos podrán realizar instalaciones o algo por el estilo”, indica la hermana Rodríguez.

Sin embargo, con el apoyo de Fe y Alegría, las familias pueden instalar colmenares a bajos costos, lo que brinda oportunidades económicas vitales en un área de escasos recursos.

Haití está centralizado entorno a su capital, Puerto Príncipe. El desarrollo económico es escaso fuera de la ciudad, lo que obliga a los haitianos a abandonar las comunidades rurales o migrar. Más de 1,6 millones de haitianos viven en el extranjero.

“Lo que Fe y Alegría quiere hacer es mejorar su modelo educativo para trabajar con toda la comunidad, y no solo con las escuelas cercanas”, explica Radomski. «Los estudiantes necesitan una educación que se base en habilidades prácticas que puedan conducir a oportunidades económicas».

Fe y Alegría incorpora habilidades técnicas prácticas y vocacionales en el plan de estudios formal de sus escuelas. Cuando los estudiantes se gradúan, pueden aplicar estas habilidades para crear empleos dentro de sus propias comunidades. La apicultura en Bedou adopta este modelo educativo práctico y podría mejorar rápidamente la vida de las familias locales.

Combatiendo una crisis educativa

Los colmenares también complementarán el financiamiento de la escuela, ya que Fe y Alegría recibe poco apoyo del gobierno haitiano.

El sistema educativo de Haití es privado en 80 y 95 por ciento, por lo que la mayoría de las familias paga la educación K-12 [escolarización prima  ria y secundaria]. Para muchos, las tasas escolares son un lujo inasequible. Como resultado, solo dos tercios de los adultos haitianos pueden leer y escribir.

“Debido a que la educación está privatizada, las escuelas a veces se consideran servicios para generar dinero en lugar de lugares que brindan derechos fundamentales”, dice Radomski.

A pesar de la privatización, la mayoría de los profesores está mal pagada, si es que le pagan. Aunque el gobierno acuerda oficialmente abonar los salarios de Fe y Alegría, a los maestros solo se les ha pagado una vez desde el 2011. Radomski dice que Fe y Alegría ha tenido que «ser creativo» para llenar este vacío financiero.

Las colmenas de Bedou son una forma en que Fe y Alegría mantiene sus escuelas funcionando. La escuela no solo puede vender miel, sino que la hermana Rodríguez también espera vender pequeñas colmenas de iniciación a la comunidad local. Estos fondos ayudarían a la escuela a corto plazo y, a largo plazo, las colmenas podrían ayudar a los agricultores a apuntalar la economía local mediante la apicultura.

Las escuelas haitianas, que ya estaban luchando contra los reveses, fueron golpeadas por la crisis en el 2020. Después de la disolución del Congreso haitiano en enero, el Presidente se convirtió en un dictador de facto. Esto provocó meses de malestar político y violencia, lo que obligó a cerrar las escuelas en febrero.

Los estudiantes de Fe y Alegría regresan a la escuela con mascarillas y otras precauciones (Cortesía de Fe y Alegría).

Luego, la pandemia golpeó y las escuelas permanecieron cerradas. El aprendizaje remoto no es una opción para la mayoría de los niños haitianos. Gran parte de los hogares carece de Internet o incluso de televisión por cable. En total, los niños haitianos perdieron casi medio año de escolarización.

Ahora, las escuelas se esfuerzan por ayudar a los estudiantes a ponerse al día. En las escuelas de Fe y Alegría los estudiantes han pasado el otoño terminando el plan de estudios del año pasado. Comenzarán un nuevo «año escolar» en enero.

La asistencia escolar se ha desplomado en muchas escuelas haitianas debido al aumento de los costos. Gracias a que Fe y Alegría no cobra a los estudiantes, su inscripción se mantuvo estable.

A pesar de estos desafíos, Fe y Alegría sigue adelante con nuevos proyectos para expandir su misión. La organización ha iniciado la construcción de un nuevo centro de capacitación para maestros en el noreste de Haití y ha anunciado planes para un nuevo centro en Jean-Rabel. Ahora, más que nunca, fe y Alegría se compromete a trabajar con los haitianos para ayudar a las comunidades, ya sea mediante la construcción de un nuevo centro de capacitación o con un sector apícola floreciente.

MegAnne Liebsch es comunicadora asociada a la Oficina de Justicia y Ecología de la Conferencia Jesuita de Canadá y Estados Unidos. Tiene una maestría en Medios y Conflictos Internacionales de la University College Dublin y es alumna de La Salle University. Vive en Washington, DC.

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