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Historias

Por William Bole

11 de setiembre de 2018 – A fines de la década de 1990, Tim McCabe tenía unos treinta años y trabajaba en una agencia de servicios cuando comenzó a sentir vocación por el sacerdocio católico. Para una persona laica en su posición, no fue un shock total sentir una vocación religiosa: la organización que McCabe dirigía era una sucursal regional del Medio Oeste del Cuerpo de Voluntarios Jesuitas, por lo que era muy versado en espiritualidad jesuita. Sin embargo, había algo que no encajaba con este panorama –McCabe ya era «Padre.» Él era padre de familia.


Antes de convertirse en jesuita, P. Tim McCabe, SJ, crió a su hija, Mary.

En ese entonces, él tenía una hija, Mary. «Mi vocación era criarla», dijo McCabe.

Unos años después, luego de asistir a un retiro en Oregón, se sintió más que nunca atraído por el sacerdocio. Para ese entonces, Mary estaba en su primer año de la universidad y él la llamó para preguntarle qué pensaba de su discernimiento. La reacción de su hija fue: «Sabes, papá, tiene mucho sentido».


P. McCabe con su hija, Mary, en 2007, después de que él hiciera sus primeros votos en la Compañía de Jesús.

Eso sucedió en la primavera de 2005. Hoy, P. Timothy McCabe, SJ, es director ejecutivo del Pope Francis Center (vea la barra lateral), el cual ofrece servicios de emergencia a las personas sin hogar permanente en el centro de Detroit (vea la barra lateral). No obstante, las dos vocaciones de su vida no se han distanciado. El Padre McCabe pasa sus días en la Iglesia Jesuita de San Pedro y San Pablo donde el Pope Francis Center tiene la sede central, y del otro lado del pasillo está la directora de desarrollo institucional del centro –su hija, Mary McEvoy.


Mary McEvoy y P. McCabe (centro) en el Pope Francis Center en Detroit, donde trabajan padre e hija.

«Ha sido un viaje increíble», dijo McEvoy, quien pasó sus años universitarios en una escuela jesuita, Loyola University Chicago, y recibió su título de abogada de otra, Fordham University Law School en Nueva York.


P. McCabe con su hija Mary McEvoy en su graduación de Fordham University School of Law en 2012

Sacerdote y padre de familia

Para el P. McCabe, el comienzo de ese viaje empezó durante los años 80 cuando era un joven trabajador humanitario en Detroit y ayudaba a reasentar a los refugiados que habían escapado la guerra civil en Centroamérica. En ese tiempo, viajó a El Salvador y paso un tiempo con los jesuitas quienes atendían y abogaban por las víctimas de violencia y opresión en ese país. Ese ejemplo de coraje y convicción lo llevó a seguir sus estudios universitarios en una institución jesuita, University of Detroit Mercy.


P. McCabe con un visitante en el Pope Francis Center en Detroit, donde todavía trabaja como director ejecutivo.
En 1993, comenzó a trabajar como director ejecutivo en el Cuerpo de Voluntarios de Detroit, coordinando a los voluntarios a largo plazo que vivían juntos en comunidad y trabajaban en un programa de reasentamiento de refugiados. Se dedicó a todo lo relacionado con los jesuitas, y se inspiraba en documentos oficiales que expresaban con claridad la visión social, espiritual y pastoral de la Compañía de Jesús.

«Se convirtió en mi modo de rezar, en cómo entendía el mundo», recuerda el P. McCabe. «Estaba muy motivado por los ministerios sociales, el compromiso con los pobres y marginados». McEvoy, quien tenía siete años cuando su padre comenzó este trabajo, asimiló todo.

«Crecí consciente de lo que estaba pasando en América Central, de una manera diferente a la de mis compañeros. Sabía sobre los niños que llevaban armas en las guerras civiles. Eso en realidad cambió mi visión del mundo», dice ella. «Nuestra familia y nuestra espiritualidad tenían un enfoque más global».

Luego de que su padre trabajara unos doce años en el Cuerpo de Voluntarios Jesuitas, McEvoy se fue a Loyola, y en el verano, entre su primer y segundo año de la universidad, su padre entró a la Compañía de Jesús y comenzó su formación de una década de duración como sacerdote jesuita.


Mary con P. McCabe y P. Adam DeLeon, SJ, (izquierda) en la Escuela de Teología Jesuita en Berkeley, California, en 2015.

Desde ese momento, la vida universitaria de McEvoy se convirtió en algo un poco inusual. Formó un vínculo estrecho y duradero con la comunidad jesuita de Loyola. Pasaba mucho tiempo en la residencia jesuita y a menudo volvía a su residencia estudiantil con una caja de comida preparada por los jesuitas. McEvoy dice que los jesuitas se convirtieron en su familia de Chicago, ayudándola a comprender mejor los cambios que sucedían en su vida y en la de su padre y a descubrir dónde estaba Dios en medio de todo esto. Los jesuitas le decían que eran sus «tíos espirituales».


Mary McEvoy con P. McCabe y P. Patrick Gilger, SJ, después de ordenarse al diaconato en 2014.

En junio de 2015, a la edad de 52 años, P. McCabe estuvo entre los ocho jesuitas del Medio Oeste que se ordenaron al sacerdocio en una ceremonia en la Basílica de la Reina de Todos los Santos en Chicago.


P. McCabe y Mary después de su ordenación al sacerdocio el 13 de junio de 2015.

Uno de los momentos más emocionantes de la ceremonia es durante la «investidura». Es cuando alguien cercano al candidato por ordenarse –a menudo su madre– ayuda a otorgarle la estola y la casulla que son símbolos de su nuevo oficio en la Iglesia Católica. Ese día, había un pequeño grupo de madres con este papel y ellas consideraban a McEvoy como un «miembro honorario del club de madres». Cuando a P. McCabe le tocó su turno, fue su hija quien ayudó a otorgarle la estola y la casulla.


P. McCabe bautizando a su sobrina nieta.

Un ministerio en los márgenes

Un mes después, P. McCabe se convirtió en el director del albergue en San Pedro y San Pablo, luego nombrado Pope Francis Center en honor al compromiso del papa jesuita con el ministerio entre los marginados y desamparados. McEvoy, quien se había graduado de Fordham Law tres años antes y quien trabajaba en el campo del derecho internacional y derechos humanos, estaba en un punto decisivo en su vida cuando el puesto de directora de desarrollo se publicó ese verano. Padre e hija han estado trabajando desde entonces como colaboradores de tiempo completo en el ministerio social jesuita.


P. McCabe saluda a un invitado en el Pope Francis Center.

Entre los otros miembros del personal del centro, a McCabe lo llaman simplemente «el padre», con la ambigüedad que le corresponde.

P. McCabe también ayuda en San Pedro Y San Pablo, aunque no es parte del personal ministerial. Él recuerda que durante su primer sermón en la iglesia, se presentó en parte mencionando a su hija –lo que produjo «risas confusas». Algunos sabían de su situación familiar, pero otros no.


P. McCabe y Mary en la Iglesia Jesuita de San Pedro y San Pablo en Detroit (Foto: Michael Sarnacki)

«Esta es mi realidad. No estoy ocultando nada», explicó el P. McCabe en una entrevista. «Y los laicos han sido tan comprensivos, tan positivos. Sienten que tengo una perspectiva única porque he criado a una niña. He tenido la misma esperanza y miedo que ellos, como padres». Él dijo que «la gente es muy curiosa, pero les encanta la historia».


Mary y P. McCabe en el partido de los Detroit Lions.

Por su parte, McEvoy dijo que ella nunca ha dudado por un momento que la primera vocación de su padre es ser su papá, pero agregó que su papel de padre «se ha convertido en una vocación más profunda». Ambos, ella y su padre, dicen que saben que no trabajarán juntos para siempre, pero que siempre compartirán una vocación en común: «encontrar a Dios en un mundo fragmentado y herido», en palabras de su padre.


Mary visita a P. McCabe en la Escuela Jesuita de Teología en 2012.

William Bole, un periodista de Boston, escribe con frecuencia sobre los jesuitas.

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