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David Romero, S.J.

Provincia: Oeste de EE.UU.

Fecha de nacimiento:  27 de setiembre, 1986

Ciudad natal: Northridge, California

Educación: Título universitario en Estudios Teológicos, Universidad de Loyola Marymount; maestría en Recursos Filosóficos, Universidad de Fordham; maestría en Divinidad, Escuela de Teología y Ministerio de Boston College.

Momentos destacados en la formación jesuita:
1. Trabajó en Casa Bayanihan, un programa de estudio alternativo en el extranjero, en las Filipinas, acompañando a alumnos y comunidades marginadas en Metro Manila.
2. Enseñó religión, ayudó en el ministerio del campus y programas de inmersión, y se desempeñó como capellán para el programa de teatro de Bellarmine College Preparatory en San José, California.
3. Fue capellán en el correccional del condado de Suffolk en Boston y fue diácono de la parroquia St. Michael en Bedford, Massachusetts.

Posordenación: David formará parte del equipo de Christus Ministries en Los Ángles, el cual asiste a adultos jóvenes.

Vea a continuación la grabación en vivo de la ordenación del P. Romero:

Biografía:
El P. David Romero, S.J., nació y se crió en Northridge, California. Fue monaguillo y pastor de la Eucaristía en la parroquia de su pueblo, Nuestra Señora de Lourdes, en Northridge, durante muchos años. Se graduó de la escuela secundaria Crespi Carmelite en Encino, California, en el 2005 y luego, asistió a la Universidad de Loyola Marymount en Los Ángeles con el deseo de dedicarse a la actuación en comedias. ¡Pero Dios tenía otros planes! David conoció a los jesuitas en la Universidad de Loyola Marymount (LMU, por sus siglas en inglés) y se involucró más con el ministerio del campus y el Centro para el Servicio y Acción. Estas oportunidades de vivir una vida de fe y justicia lo motivaron a estudiar en el programa la Casa de la Solidaridad en El Salvador. Este programa profundizó sus conocimientos para unirse a los jesuitas después de graduarse en el 2009 con un titulo universitario en Estudios Teológicos y una especialización en Administración de Empresas. De novicio, se ofreció como capellán voluntario en el hospital St. Francis en Lynwood, California, y en la Iniciativa Jesuita de Justicia Restaurativa, trabajó en la escuela primaria St. Anne en Kingston, Jamaica y enseño en la escuela secundaria Verbum Dei en Los Ángeles. Después de profesar sus primeros votos en el 2011, lo enviaron a la Universidad de Fordham en el Bronx, Nueva York, para realizar sus primeros estudios, y allí obtuvo una maestría en Recursos Filosóficos y trabajó en la oficina del ministerio del campus de la escuela secundaria Cristo Rey de Nueva York en East Harlem. Para su regencia, David fue a trabajar por un año para el programa de estudios alternativos en el extranjero, Casa Bayanihan, en las Filipinas, acompañando a los alumnos y comunidades marginadas en Metro Manila. Después lo mandaron por dos años a Bellarmine College Preparatory en San José, California, donde enseñó religión y ayudó en el ministerio de campus y con las inmersiones. También fue el capellán en un programa de teatro. En el 2017, lo enviaron a la Escuela de Teología y Ministerio de Boston College donde obtuvo una maestría en Divinidad mientras trabajaba como capellán en el correccional del condado de Suffolk y luego, como diácono en la parroquia St. Michael en Bedford, Massachusetts. Después de su ordenación, se unirá al equipo Christus Ministries en Los Ángels, el cual ayuda a adultos jóvenes. (Provincia Oeste de EE.UU.)

¿Cuál es tu libro, película, música o programa de televisión favorito que te ha gustado desde que te uniste a la Compañía y por qué te encanta?
¡Es difícil elegir solo uno! Voy a tener que elegir a Walter Ciszek, S.J. “He Leadeth Me”, el cual ofrece una mirada a los aprendizajes espirituales que experimentó durante sus veintitrés años dolorosos en prisiones soviéticas y campos de trabajo forzado en Siberia. Lo leí por primera vez durante la primera semana de los Ejercicios Espirituales y luego, influyó en mi decisión de visitar su tumba en Wernersville, Pennsylvania, para mi peregrinación. Lo que me impactó en ese entonces fueron sus reflexiones sobre la Providencia y su confianza profunda en Dios. Meses antes de partir para mi peregrinaje, ya había previsto que cada momento en el noviciado debería ser como “un momento de iluminación”. Mi peregrinaje fue bueno para mí porque puede experimentar el amor y la gracia bondadosa de Dios sin ser un evento a gran escala. El libro de Ciszek me ayudó a darme cuenta de que estaba demasiado preocupado en analizar minuciosamente al noviciado y a mis hermanos novicios, diciéndome lo que debería ver en vez de mirar con atención a través de los ojos de Dios lo que realmente es y descubrir la voluntad de Dios en mí. Para mí fue un llamado divino y una invitación a mirar lo mundano y la rutina diaria como algo religioso, y amarla y disfrutarla como Dios lo hace, confiando de que cada momento y persona concuerdan con el anhelo de Dios. En el transcurso de mi vida jesuita, esto me ha ayudado a ser abierto y libre de mirar la realidad tiernamente y más a menudo, para valorar profundamente cada momento como es –por lo que es– porque tengo fe de que Dios está presente de alguna manera.

David en en viaje de inmersiíon en L.A. con alumnos de Bellarmine College Prep, visitando Homeboy Industries.

¿Cuál es un dato interesante sobre ti que muchos no conocen?
Aprendí a cortar el pelo en el noviciado, y me encanta. Durante las primeras semanas del noviciado, para ahorrar dinero, el asistente del director de novicios pidió dos voluntarios que quisieran aprender a cortar el pelo. Yo pensé, “¿Por qué no? Nueva vida. Nuevas cosas para aprender”. ¡Lo que no me di cuenta fue lo mucho que lo disfrutaría! Yo soy un tipo muy detallista, así que es una gran oportunidad para prestar atención a los detalles, para mejorar la comunicación al entender y responder a diferentes pedidos, para expresar mi afecto por mis hermanos jesuitas al servirles de esta manera y para tener todo tipo de conversaciones interesantes.

¿Cuál es una experiencia significativa que tuviste durante tu formación, y por qué fue importante para ti?

Durante mi primer año de regencia en las Filipinas, tuve la oportunidad de acompañar a familias de un sector muy pobre y marginado de Manila por medio de una organización llamada Tulay ng Kabataan (“Puente para niños”). Como podía, ayudaba a los maestros en sus aulas pequeñas que estaban en el medio de la comunidad. Un día, vi a una niña, Hannah, de cinco años, que estaba llorando y yo pude sentir su deseo de ser reconocida y abrazada en su dolor.

El personal y yo acabábamos de terminar nuestro almuerzo, así que salí del centro para ver qué juegos estaban jugando los niños. Cuando levanté la mirada, vi a Hannah (quien siempre era la más tímida, dulce y callada) llorando mientras estaba parada detrás de su hermana mayor, quien jugaba con los otros niños. Vi que Hannah tenía una piedra grande en la mano, y estaba a punto de tirársela a su hermana en la cabeza. No sabía lo que había provocado esta reacción en Hannah, pero la escena se parecía a la de un volcán en erupción. Mientras tanto, los otros niños estaban practicando un baile y una canción nueva, pero Hannah permanecía parada detrás de su hermana, llorando y sosteniendo la piedra con mucha intensidad y fuerza. Yo sabía que los niños de allí podían ser bastante duros entre ellos, pero esto era una historia completamente diferente.

Sin embargo, lo que me confundió fue cómo la hermana de Hannah se dio la vuelta para ver a Hannah que estaba llorando y sosteniendo la piedra dirigida a ella, pero no se asustó en absoluto, ni siquiera se inmutó. Los otros niños también lo notaron, pero nadie hacía nada al respecto. Nadie se preocupaba por Hannah.

P. David Romero, S.J., en su ordenación.

Todo esto sucedía muy rápido y mi primera reacción inicial era de correr hacia donde estaba Hannah y resolver el problema quitándole la piedra de la mano y luego, tratar de alegrarla, más que nada porque me sentía incómodo con esta situación. Pero antes de reaccionar, hice contacto visual con Hannah, y los dos nos quedamos mirando fijamente.

Fue uno de esos momentos en lo que todo lo que nos rodeaba parecía detenerse. Sentí una conexión con Hannah, como si ella estuviera compartiendo su vulnerabilidad en ese momento. Igualmente, yo sentí que le estaba mostrando todo mi ser a ella a través de una expresión amorosa de tristeza y compasión, y espero que ella lo haya sentido así. No podía imaginar el dolor que ella habría estado sintiendo para llegar a tal punto. Probablemente ella solo quería que los demás notaran su dolor.

Aún sin moverme, noté que ella no era capaz de tirar la piedra. Sin embargo, estaba muy nervioso por esta situación y necesitaba hacer algo al respecto. En vez de tratar de arreglar las cosas con una actitud de “ven y alégrate”, caminé con calma hacia ella y me arrodillé a su lado, sostuve suavemente la piedra con ella en una de mis manos y le acaricié el hombro suavemente hasta que ella soltó la piedra… me pareció una eternidad.

De ninguna manera creo que Hannah haya dejado de sentir dolor en ese momento o ni siquiera que haya empezado a sentirse mejor poco después. Era como si Dios me estuviera llamando de ese lugar: “¿Notas mi presencia? ¿Estarás conmigo en este lugar y soportarás este dolor conmigo?”

No sé si mi inicial actitud de querer resolver el problema hubiera funcionado. Si hubiera elegido esa opción, creo que ella podría haber interpretado: “No es importante cómo te sientes ahora. Tienes que sentirte de manera diferente”. Ella hubiera entendido que yo no quería reconocer cómo se sentía, sino que yo tenía necesidad de “repararla” para sentirme mejor. Pero no se trata de mí –este es un recordatorio que necesito oír una y otra vez. Se trata del único e irrepetible regalo que tengo frente a mí. Ella quería ser reconocida, abrazada; y no que la arreglaran.
Mientras sostenía la piedra con Hannah, podía sentir como se me partía y expandía el corazón. Y de alguna manera también podía sentir a Dios sosteniéndonos a ambos, queriendo que la vida divina viva en nosotros, en las profundidades de nuestra realidad y queriendo tener la última palabra.

Adaptado del artículo en The Jesuit Post: https://thejesuitpost.org/2015/07/hearts-in-need-practicing-presence-embracing-reality/

Family photo during David’s sister’s wedding.

Cuéntanos la historia de tu vocación. Hay un requisito: Solo debes usar seis palabras.
Deseo de amar y ser amado.
¿Cómo le explicarías el eslogan jesuita “ad maiorem Dei gloriam” a alguien que nunca antes lo ha escuchado?
Yo diría que es un llamado a que todo lo que digamos y hagamos en la vida nos dirija a Dios, el creador bondadoso y proveedor de la vida. En vez de hacer algo maravilloso que nos conecta con los demás, “Mira lo bueno que soy”, es la disposición de decir y hacer las cosas que proclaman “¡Mira lo maravilloso que es Dios!”